En los tiempos de la antigua Roma, se generalizó la costumbre de acompañar con regalos los buenos deseos y las felicitaciones con ocasión de las fiestas de Año Nuevo. Esta tradición tuvo su origen en la creencia de que los mejores augurios se atraían creando un flujo de generosos regalos. Los llamaban strena, que significaba dádiva o regalo. Se rendía culto a Strenia, la diosa de la buena salud y de la buena suerte.
Al principio, la estrena o regalo era más bien algo simbólico, y consistía en ramitas fragantes cortadas de los árboles del bosque sagrado de Strenia. Después se empezó a regalar miel envasada en tarritos y otros recipientes pequeños, lo mismo que monedas de bronce, frutas secas y vino. Sin embargo, a pesar de que las estrenas o regalos adquirieron un valor material, siempre conservaron su simbología mágica o religiosa, pues los obsequios se hacían en nombre de la diosa Strenia, con el propósito de augurar un nuevo ciclo o año lleno de bendiciones, logros, abundancia y felicidad. Con el tiempo, los regalos fueron variando y creciendo en importancia, a la vez que fueron extendiéndose por todo el Imperio Romano.
En español, el Diccionario de la Real Academia Española registra la palabra estrena (del latín strena) con el significado de «dádiva, alhaja o presente que se da en señal y demostración de gusto, felicidad o beneficio recibido». Daddiva se inspira en dádiva, pero le agrega un concepto distinto: regalos con conciencia por el cuidado del medio ambiente, es decir, naturales y orgánicos. Los buenos deseos se siguen compartiendo, pero ahora Daddiva es también una experiencia distinta de regalar, que puede contribuir a un mundo mejor.